¿Conocés las causas y efectos de un ACV?

Trastornos visuales, sensitivos, motores, del lenguaje, del equilibrio y de coordinación motora, son algunos de los síntomas principales presentes en un ACV. Las estadísticas nacionales presentan un panorama en aumento donde las edades más propensas para sufrirlo son de 20 a 50 años.

En ALPI nos dedicamos a la rehabilitación neuromotora de personas con discapacidad desde hace 72 años, por nuestra labor diaria es que generamos una campaña de concientización en el mes del AVC, conmemorado el día 29 de octubre. Con el fin de educar a la comunidad sobre el Accidente Cerebro Vascular, sus efectos, tratamientos y cómo prevenirlo es que brindamos datos y consejos de nuestros profesionales.

Según el Ministerio de Salud el ACV es la primera causa de invalidez en Argentina, causante de 18.000 muertes anuales. Según datos relevados en 2012 las estadísticas vitales de la cartera sanitaria nacional indican que por cada 100.000 habitantes 44,6 sufren un ataque cerebro vascular. Para Argentina significa la séptima causa de muerte definida y representa el 6% del total anual. En ALPI la cantidad de pacientes que se atienden por patologías neurológicas son del 70% y de este porcentaje, un 60% aproximadamente son por ACV.

Esta afección es producida por la pérdida del flujo sanguíneo cerebral o por el sangrado dentro de la cabeza. En ambas situaciones las neuronas pueden lesionarse o morir. Generalmente la mayor incidencia se da en personas mayores a 45 años, aun así los más jóvenes e incluso los chicos no están exentos y en el caso de quiénes lo sufren las causas más comunes se dan en gran medida por problemas vasculares.

Hoy, estudios médicos demuestran que a través de la prevención podría evitarse el desenlace de un ACV.  Según el director médico de ALPI, Dr. Lucio Serra, especialista en neurología, “Lo primero que se toma en cuenta es el perfil de cada paciente para saber cuáles son sus factores de riesgo.  Después es fundamental cuidarse y hacer actividad física, una dieta adecuada y controlar el peso.”  Así mismo, explicó la importancia de realizarse los chequeos cardiovasculares y sumó, “En este momento hay unidades cardio-neurológicas que se están armando desde el punto de vista cardíaco y neurológico ya que la unidad del corazón y el cerebro están relacionados con los accidentes cerebrovasculares.”

El Dr. Serra indicó que existen factores de riesgo como la presión arterial alta, anticonceptivos, diabetes, colesterol alto, mala circulación y un estilo de vida poco saludable a través del  consumo de drogas, alcohol, tabaquismo, sedentarismo e incluso el estrés. La vida diaria de una persona conlleva responsabilidades que muchas veces dependen de la automatización de la mente y el cuerpo. En el caso del estrés, el neurólogo estableció que hoy “está sujeto a una investigación importante debido a que produce transformaciones y movimientos a nivel de genes que traen aparejadas diferentes patologías, provocando no solamente problemas cardiovasculares, sino también otro tipo de enfermedades. Se recomienda hacer actividad física para prevenir en estos casos la posibilidad de un ACV.”

Ante los síntomas principales: debilidad  o falta de fuerza muscular, ceguera, adormecimiento de extremidades (hormigueos),  dificultad en el habla, perdida del equilibrio y desviación de la comisura labial,  es importante reconocerlos para que pueda concurrir inmediatamente a un centro de atención o llamar prontamente a un sistemas de emergencias para ser estudiado rápidamente y cumplir con todos los procedimientos necesarios. Al sufrir de un ACV se hace un diagnóstico, en tanto sea un hematoma importante que pueda ir progresando o una arteria que está obstruida, que se puede desobstruir con anticoagulantes.

Frente a un ACV la clave es comenzar el proceso de rehabilitación de forma temprana, de esta forma los profesionales de ALPI adquieren pronósticos positivos, evitando secuelas de los trastornos tardíos. “En los casos agudos se trata con medicamentos, evitando todas las complicaciones que pueda presentar el paciente. Finalizada esta etapa hay que seguir el tratamiento kinesiológico, asociado a otros cuidados que ayudan a evitar las infecciones, escaras, trastornos respiratorios, infecciones urinarias, etc.  Dependiendo de las necesidades del paciente, se trabaja con terapia física, fonoaudiología, terapia ocupacional, se brinda apoyo psicológico y si es necesario se provee equipo de ortesis, silla especial y férulas.”  aclaró Dr. Serra.

En el mes del ACV, es necesario poder concientizar a la sociedad sobre esta afección y conocer que hoy, así como ALPI, hay muchos centros preparados con profesionales entrenados y con el conocimiento para educarnos sobre el ACV y qué hacer en caso de sufrirlo.

Es hora de cuidar nuestra salud e incorporar rutinas saludables a nuestra vida.

Consejos de ALPI

  • Si reducimos tres gramos el consumo de sal diario, evitaríamos en 2020 más de 100.000 ataques cerebrovasculares. Si a esto le sumamos otros hábitos saludables como dejar de fumar, realizar actividad física y controlar la presión arterial, se reducirían significativamente los riesgos de sufrir esta un ACV.
  • El tabaquismo cuadriplica los riesgos de enfermedad cardiovascular y ACV.
  • En las guardias se observa que en el 97% de los casos el ACV ocurre en personas mayores a los 45 años, por lo que encontrarse en la mediana edad no disminuye la posibilidad de padecerlo.
  • Los síntomas principales dependen del sector cerebral afectado. Puede haber trastornos visuales, sensitivos, motores, del lenguaje, del equilibrio y de coordinación.
  • Si reconoces los síntomas en otra persona debes llevarlo inmediatamente a un centro de atención (no llamar al médico a la casa porque no va a resolver nada).
  • El uso desmesurado de alcohol y drogas pueden ser factores de riesgo.
  • Después de los 40 o 50 años la mejor actividad física es caminar.
  • El estrés trae, no solamente problemas cardiovasculares, sino también otro tipo de enfermedades.
  • La rehabilitación tiene que ser precoz, porque cuanto antes se lleva a cabo, mejor es el pronóstico, ya que se evitan las secuelas de los tratamientos tardíos.

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