Día de la Rehabilitación – En primera persona

En primera persona

El 23 de marzo se conmemora el “Día Mundial de la Rehabilitación de las Personas con Discapacidad”. Tiene como objetivo destacar la necesidad y el derecho que tienen las personas con discapacidad de poder acceder a tecnologías eficaces, diagnóstico y debido tratamiento, sin ningún tipo de distinción, sin distinción de raza, religión, ideología política o estatus social.

Según la OMS, la rehabilitación se define como «un conjunto de intervenciones encaminadas a optimizar el funcionamiento y reducir la discapacidad en personas con afecciones de salud en la interacción con su entorno». 

Este año quisimos celebrarlo con tres historias sobre la rehabilitación contadas por sus protagonistas.

Diego

Antes de lo que te sucedió ¿Qué entendías por “Rehabilitación”?

No tenía conocimiento de la “Rehabilitación” directamente. Por ahí tuve conocidos con recuperaciones después de accidentes o algo así pero no sabía en qué consistía una rehabilitación. Entendía que tenía que ser de cero porque yo no caminaba no hablaba, no podía hacer nada, era una bolsa. Me pasaban de una cama a una silla, con pañales, con sonda. Cada vez que lo iba revirtiendo me sentía mejor pero no sabía bien en qué consistía el proceso de rehabilitación.

Yo soy Post-Covid. El único problema anterior que tuve es que siempre estuve excedido de peso, que es algo que me pudo haber complicado.

Estuve muy mal en otra clínica, 16 días “entubado” y 36 días en Terapia Intensiva. Cuando fui recuperándome y necesité de una rehabilitación física fue que llegué a ALPI, que era el lugar que había elegido mi señora porque tenía muy buenas referencias de ahí. Llegué el 30 de julio, un viernes y el lunes siguiente ya comencé con la rehabilitación física. Me vinieron a ver diferentes profesionales y me sentí súper bien y cómodo con todos, desde la persona que está en la puerta hasta el último médico, pasando por todas las enfermeras y camilleros. Rápidamente comencé con un plan de recuperación.

Las primeras dos semanas bajaba a ejercitar 2 horas por día y después me agregaron una 3ra. Tenía una hora a la mañana de Terapia Física, una de Terapia Ocupacional  y por la tarde otra de Terapia Física. Y empecé a evolucionar muy bien gracias a Dios. El Dr. Vera me dijo que iba a evolucionar rápido porque me veía muy bien de ánimo. Cada logro que tenía por día para mí era maravilloso. Para una persona común, ponerse un pantalón capaz no es un logro pero sí lo era para mí. Primero con la ayuda de los camilleros y enfermeras y luego ya con un poco más de fuerza en las piernas… lo mismo en Terapia Ocupacional con todo el equipo que era un amor.

Día a día veíamos que mi recuperación era buena. Las fonoaudiólogas empezaron a hacer las primeras pruebas de deglución: empezamos a probar con yogur, después con otras texturas y eso estuvo siempre bien. Me sacaron la sonda nasogástrica que era todo un tema y la sonda de la vejiga. Estar menos conectado me hizo muy bien anímicamente porque era todo un avance. Me han atendido muy bien y estoy agradecido por estar acá. Agradezco que me atendieran tan bien, a mi señora la trataron de maravillas cada vez que me iba a visitar. Me pasaban el teléfono y me llamaban mi señora y mi hija casi todos los días. Soy un agradecido porque lo puedo contar.

Ahora, ¿Qué es para vos la Rehabilitación?

Es un 50% y un 50%. Un 50% del paciente que tiene que estar siempre en “pie de guerra”, portándose bien y haciendo caso de todo lo que le dicen, y el otro 50% es el de los doctores, enfermeras, camilleros, todo el personal de ALPI, que es maravilloso.

Estuve un mes y medio en ALPI. Después el Dr. Facello me dio el pase a domicilio e hice casi un mes y medio en ambulatorio, en ALPI sede Salguero.

Son solo palabras de agradecimiento porque me terminaron de salvar la vida. Yo puse una parte y la otra parte la puso el personal de Salud.

Las cosas tienen que ser así y uno tiene que ser agradecido por como lo atienden y como uno se enoja cuando lo atienen mal, también tiene que ser agradecido cuando lo atienden bien. Tiene que ser de las dos formas.

La rehabilitación es lo principal para mí. Juntamente con el ánimo, como me decía el Dr. Vera. Yo nunca me puse mal ni en los peores momentos, ni cuando estaba en terapia intensiva. El Dr. Vera me decía “vos te vas a recuperar rápido porque estás de buen ánimo y a veces el ánimo es más importante que lo médico”.

En mis peores momentos me agarró bajón y se me caían las lágrimas y pensaba en que no iba a ver más a mi familia y era lo único que me preocupaba, lo que me iba a doler en el alma. Al segundo lo revertía y decía que me iba a poner bien y le iba a ganar al bicho. En ALPI fue arrancar de cero pero ya con una parte ganada. Yo ya hablaba, mi miedo era no volver a hablar pero pude hacerlo después de 2 meses sin habla. Cuando entré a ALPI entré con buen ánimo.

Cuando entré pensé “Este es el final, ya está, es el pedacito que me falta para poder volver a retomar mi vida de nuevo, que ya no iba a ser la misma”.

Dentro de este proceso, ¿qué aspectos e intervenciones te resultaron más valiosos?

Cuando entré a ALPI no me puse mal, me puse en modo “bueno, ¿qué hay que hacer?” a la colchoneta, a ejercitar los pies… había que despertar los músculos. Y un médico me dijo “los músculos tienen memoria, cuando empieces a ejercitarlos ellos se van a acordar” – y yo pensé que me estaba gastando y claramente era verdad, fue así. Cada día me sentía mejor porque mis logros me ayudaban en lo anímico. Yo bajaba a hacer gimnasia y veía a un señor grande que andaba con bastón y decía “eso quiero hacer yo, quiero llegar a caminar como ese señor, con bastón”. Lo primero fue pararme, luego ejercitar en las pasarelas, después los pasillos… después subir las escaleras… cómo no iba a estar bien de ánimo si cada segundo veía mi progreso.

Lo más importante aparte de lo físico eran mis ganas de mejorar. Era un conjunto de ánimos: el que yo ya traía por ver mis logros y el que me transmitían los médicos, las enfermeras, los camilleros. La amabilidad y la disposición de todo el personal de salud. Cuando pude bañarme solo después de 2 meses y medio  fue como sacarme el Loto.

¿Qué le recomendarías a alguien que está iniciando una rehabilitación?

Que nunca baje la guardia con el ánimo. Hay que ser siempre positivo. A veces parece una frase hecha y hasta yo, tiempo atrás, pensaba que era una frase hecha, pero después me di cuenta que es cierto. Tenés que ser positivo y poner todo de vos en conjunto con el Personal de Salud. Claramente si hay algo que te va a hacer bien es lo que te brindan los que te asisten para tu recuperación y que te sientas mejor y puedas avanzar. Lo primordial es tener buen ánimo y no bajonearse. Cuando medicamente no se puede hacer más nada hay que poner todo de uno mismo.

No soy de dar consejos, pero si vos estas bien anímicamente, tenés una gran parte ganada. El ánimo es fundamental.

¿Qué le sugerirías a la familia de esa persona?

La familia es fundamental. Lo que hizo mi señora no tiene nombre, es maravilloso. La familia, los amigos y la gente que piensa en uno. El que es religioso reza, otros no, pero todos te tiran buena onda, con el nombre que quieras, te acompañan de alguna forma. Tenía un amigo que venía a la puerta de la clínica y me grababa videos porque no podía entrar. La familia es el 50% y el equipo médico es el otro 50% de un todo, desde el que te retira la bandeja de la comida hasta el jefe de la Terapia Intensiva, todos forman parte de ese todo. La familia es lo más importante, me ayudó muchísimo.

¿Cuánto crees que inciden en la rehabilitación la actitud, la disposición y el estímulo de los profesionales que te atienden?

Yo puse toda mi parte, que es mucha, porque solo yo sé lo que pasé en Terapia Intensiva, las cosas que viví. Decían que me quería escapar, pero de a poquito fui saliendo y me fui de ALPI maravillado con todos, con todo.

Me quedé con las palabras del Dr. Vera: “yo ví gente que estaba bien médicamente pero sin animo, que se bajoneó y se fue al tacho, pero vos te vas a recuperar porque te veo bien de ánimo” y a mí me pasó eso.

El ánimo lo fue todo por mi lado y por el otro, el estímulo de los profesionales y la familia.

Ester

Antes de lo que te sucedió ¿qué entendías por “Rehabilitación”?

No tenía idea de lo que era. Yo tengo 79 años y recuerdo la epidemia de la Polio. Yo sabía que ALPI era una institución que se dedicaba a la rehabilitación de los niños con Polio, pero no tenía idea en realidad de lo que era, de lo que era la profesión, la tarea del que te rehabilita.

Yo tuve una Neuropatía que fue creciendo día a día y empezó de golpe. Me dejó sin la posibilidad de caminar bien. Hoy camino, con dificultad. Es algo progresivo.

Llegué a ALPI hace alrededor de 10 años. ALPI para mí fue una luz desde el momento que entré. Los Institutos son hechos por personas y ALPI para mí es ALPI por las personas que conocí ahí, desde el momento que entré. Siempre lo dije, para mí ALPI son las personas que están presentes, desde la puerta de entrada hasta los médicos que me atendieron, todos. Los tengo adentro mío. La mano que te atiende, que te toca, que te transmite el calor y la fortaleza, no solamente la indicación médica. Hay un gran afecto ahí en ALPI.

Luego de esos 10 años de rehabilitación en ALPI… Ahora, ¿qué es para vos la Rehabilitación?

Para mí la rehabilitación en este momento es una forma de continuar la vida. Porque sin rehabilitación no habría forma de continuar la vida, en todo.
Es ese ánimo que te transmite ganas de continuar la vida.

Yo fui toda la vida docente y le dije a alguna de mis kinesiólogas que si hubiera tenido que elegir otra profesión hubiera sido la de rehabilitar personas. La docencia, como la rehabilitación es una forma de intervenir en el otro, tienen mucho que ver.

Dentro de este proceso, ¿qué aspectos e intervenciones te resultaron más valiosos?

Lo que más me resultó valioso de la rehabilitación fue, no sólo la tarea del que te está rehabilitando, sino la fuerza que te transmite quien te está ayudando: “Yo te voy a guiar, yo te voy a ayudar, pero vos vas a poder”. Para mí eso fue muy valioso.
La tarea profesional no la voy a discutir porque es excelente.
Ese poder, esa humanidad que me transmitieron durante mi rehabilitación fue lo más valioso. Todo mi proceso de rehabilitación me resultó plenamente satisfactorio.

¿Qué le recomendarías a alguien que está iniciando una rehabilitación?

Que no pierda tiempo. Que lo realice rápido. Yo perdí tiempo. Perdí tiempo con el compromiso laboral. Yo caminaba mal, usaba bastón y no podía faltar a la escuela para dedicarme a mi persona y mi salud, perdí mucho tiempo.
Siempre hay una luz. Si hoy no puedo tomar bien la lapicera, me van a enseñar cómo y quizás mañana pueda hacerlo bien. Es volver a empezar, volver a aprender muchas cosas que teníamos aprendidas y volver a empezar. Eso es lo principal, volver a renacer. Ahora estoy en esta posición, bueno, ¿cómo puedo volver a empezar? Eso es lo que me enseñaron con mi rehabilitación.

A mí me costó asumir la mirada del otro. Antes era una persona inquieta y me costó asumir que otros me vieran en esta situación: “¿Qué le pasó, que dejó de ser como era?”. Cuando empecé en ALPI se me terminaron todas estas dudas porque vino otro mundo. Hay que entender que “ahora somos esto”, y yo soy siempre la misma, aunque no pueda salir corriendo o lo que sea.

El proceso emocional es fundamental. A mí me parecía que yo tenía que seguir siendo “esa persona que era”, inquieta, entusiasta, ágil… y tenía miedo del qué dirán cuando me volvieran a ver. Pero eso no implicó que yo perdiera alguna parte de mi forma de ser, de cómo era antes de mi rehabilitación.

¿Qué le sugerirías a la familia de esa persona?

El acompañamiento total, no importa la edad del que se está rehabilitando. Acompañar y festejar todos sus logros, porque volvemos a ser niños. 
El acompañamiento de la familia es muy importante. Hay que festejar los logros.

¿Cuánto crees que inciden en la rehabilitación la actitud, la disposición y el estímulo de los profesionales que la atienden?

La actitud del personal de ALPI siempre fue positiva. Empecé a ir una vez que me jubilé y entré en una gran depresión porque no tenía la posibilidad de salir de mi casa. La actitud de las personas que me acompañaron en mi rehabilitación fue clave para que yo pudiera seguir adelante. Gracias a ellos ahora puedo ir a talleres de pintura, de memoria y no tengo que quedarme en mi casa. Gracias a ellos hice un vuelco muy importante asumiendo mi enfermedad, por supuesto. No decaigo porque lo profesionales me saben contener.

El personal de ALPI destaca tanto por su profesionalismo como por su calidad humana, es eso. Los pacientes no somos muñecos, sentimos, tenemos tristeza y hay días que estamos mejor que otros. Eso lo tienen que percibir, y lo perciben.

¿Querés agregar un comentario sobre este tema?

Les digo “gracias”. Nadie tiene que dejar de hacer rehabilitación porque si no te quedás con lo que tenés. Te hace comprender que vos sos la misma persona, que tu esencia es la misma, y que vas a aprender otra forma de desplazarte, de conversar, de ver. Vas a aprender otra forma.

El afecto tiene que estar arriba del todo y hay que ponerse en el lugar del otro, sino, tanto la rehabilitación -como la docencia- no se puede realizar.

Qué suerte que los encontré en mi camino.

María Laura

Antes de lo que te sucedió ¿Qué entendías por “Rehabilitación”?

Tenía idea de la Rehabilitación por las películas: gente caminando en las barras y ese tipo de cosas, pero era un mundo totalmente ajeno a mi vida. Lo más cercano que tenía era que hacía pilates, nada más.
Tuve una encefalitis. Estuve internada desde el 26 de noviembre, un mes en terapia totalmente en knock-out, 15 días sin comer. Vine acá y no podía moverme, así me desperté. Que ahora tenga una fecha de salida, pueda moverme por mis propios medios y tenga fuerzas, para mí es un milagro, más porque la lesión fue de la cabeza.

Ahora, ¿qué es para vos la Rehabilitación?

No pensé que era tan compleja. Porque abarcan todo: desde lo psicológico hasta la nutrición, la contención emocional… no pensé que era tan así. Pensé que me mandaban acá “y a caminar por la barra”, asique me sorprendió.

A mí me habían dado 6 meses de vida y eso te moviliza mucho, decís “en cualquier momento te pican el boleto” y es así la vida. Pero al contrario, en abril, cuando cumplo 6 meses, me dan el alta de internación: eso es un milagro.

¿Para vos la rehabilitación es solo un proceso físico?

No, uno tiene que adaptarse a que luego de la enfermedad no vuelve a ser el mismo, ya sea físicamente o por la experiencia de vida que tuvo. Es armar una vida nueva y uno necesita apoyo para eso. Estoy apoyando mi proceso de rehabilitación con terapia, acá en ALPI. Uno necesita ese sostén emocional. Yo tuve alucinaciones y tenía miedo que al cambiar de lugar me podría enloquecer pero no, vino la psiquiatra y estuvimos hablando y me ayudó a que no sucediera. La contención es fundamental.

El ánimo y las ganas de salir son fundamentales, es el 50%. El otro 50% es la contención de la familia y la parte física con la ayuda de los terapeutas. Los terapeutas tienen, por suerte, esa faceta de conocerte y ver si estás de buen ánimo, decaída o lo que sea. El otro día fui a ejercitar con un problema personal y se dieron cuenta y me preguntaron que me pasaba y llamaron a la psicóloga y fui a hablar con ella, después pude volver a mi habitación a procesar todo lo que me había pasado. Eso fue buenísimo, además no fue una terapia impuesta. Te dan ese espacio, si vos hoy necesitás “mirar para adentro”. Me metí, acomodé los patitos y seguí.

Dentro de este proceso, ¿qué aspectos e intervenciones te resultaron más valiosos?

Todo. En “Planta baja”, todo. Tuve un tema personal y la contención fue fantástica. Me dieron cariño y calor humano que es fundamental. También el compañerismo, porque salís al pasillo y te cruzás siempre con la misma gente que te saluda y te ven progresar y te dan palabras de aliento. Es maravilloso. Te preguntan “¿vos cómo hiciste?” y a mí, que soy un caso atípico porque mi recuperación fue muy rápida, me toman como parámetro.

Acá toda la gente que entra se saluda con quien sea: personal de limpieza, enfermeras, incluso gente que nunca te atendió o te conoce. Hay una cosa de “estímulo” constante. Eso también influye sobre el resto de los pacientes para con los pacientes, porque todos nos saludamos, incluso aunque no hayamos hablado nunca. Hay buena vibra. Hay pacientes muy doloridos y los kinesiólogos les sacan conversación y los ayuda a sacar adelante los ejercicios. Tienen una cuota de psicología importante. Te van llevando y cuando querés acordar pasaste la hora haciendo un montón de ejercicios y no pensando en la escara o lo que fuera.

¿Qué le recomendarías a alguien que está iniciando una rehabilitación?

Que no se ponga fechas. Que viva cada mejora como un triunfo, porque es así. Es de un día para el otro porque quizás pasás un mes y te sentís en el mismo lugar pero no es así, porque el trabajo va por dentro. Hay que valorar las pequeñas cosas: un día te levantás y te podés parar con tus dos pies y eso es un milagro para vos.

Esto es como un edificio: hacés la base y cuando la hacés bien viene el otro ejercicio y luego el otro… Entonces si hacés diez mil veces el mismo ejercicio es porque quieren que salga perfecto, y después te mandan a otro. Si he podido ayudar en eso, para que otros pacientes no estén ansiosos, me hace sentir bien.

¿Qué le sugerirías a la familia de esa persona?

En rehabilitación estamos todos, no sólo el que está internado.

Les sugeriría que no tengan ansiedad. Yo tengo una familia atípica porque son todas hermanas de la vida y mi mamá que tiene 88 años, pero sé de otros pacientes que sus familias le piden constantemente “a ver mostrame como mejoraste, mostrame el ejercicio, mostrame el otro…” y eso es desgastante. Uno querría mostrarles más mejoras, pero mover un dedo, a veces, ya es un milagro. No hay que transmitirle al paciente su ansiedad.
Es un proceso que hay que acompañar con mucha paciencia y que pone a prueba los vínculos.

¿Cuánto crees que inciden en la rehabilitación  la actitud, la disposición y el estímulo de los profesionales que lo atienden?

Todo. La actitud y el profesionalismo de los profesionales es fundamental.  Cuando a veces hay cortocircuitos y uno la pasa mal. Porque la salida más fácil es decir “el paciente estaba dormido y por eso no bajó a hacer Terapia Física”, “El paciente no quiso hacerse el estudio”, pero uno a veces no está en condiciones. ¿Y qué hace?

ALPI-Asociación Civil es un centro de rehabilitación neuromotriz con más de 78 años de trayectoria, en el diagnóstico y tratamiento de patologías derivadas de accidentes, lesiones o enfermedades. Atiende a niños y adultos a través de sus modalidades de internación, Hospital de Día, consultorios externos. Además, trabaja intensamente en la ampliación y modernización de centro, mediante la incorporación de nuevas tecnologías, servicios y capacitaciones.

 

Más información y contacto:
☎ 11 4839-7700
📩


Compartir: